HISTORIA 1
- “Aquello que no te mata te hace más fuerte” -
Tengo diez años y estoy viendo como carteristas roban en la locomoción colectiva y a pesar de que muchos, como yo, se han dado cuenta nadie dice ni hace nada.
Tengo catorce años y he vuelto a ver decenas de veces la misma situación, tipos robando y pasajeros que se dan cuenta, pero extrañamente nadie hace nada.
Ya tengo veinte años y la impotencia se me ha ido acumulando, pero soy flaco y tímido y ni mis clases de Karate ni de Yudo me han dado la confianza para interceder. Sigo como todos los demás: viendo y callando, siendo cómplice con mi silencio y desidia. Mi patetismo, rabia e impotencia acumulada no reventará hasta llegados mis treinta años.
Voy con un amigo y socio (ex amigo en realidad) hacia el centro de Santiago en una micro llena y tras de nosotros se sube una señora y luego tres tipos más que la van cartereando. Yo no me he dado cuenta de nada hasta que alguien intenta sacarme la billetera desde mi bolsillo trasero. Entonces giro bruscamente en 180 grados y quedo de frente a tres tipos de 20, 30 y 40 años. El tipo que intentó robarme lo intenta ahora con mi amigo. Me acerco a William, intentando interponerme con mi cuerpo entre ambos y evitar el robo. El tipo hurguetea en sus bolsillos y William ni se inmuta. Me acerco a su oído y le susurro “Te están robando”, William se vuelve y me pregunta en voz alta “¿Qué?”. ¿Cómo decirle que le están robando sin que se dé cuenta el ladrón? Le repito cerca del oído “Te están robando” pero la mala fortuna me ha enviado un amigo sordo y me vuelve a preguntar “¿Qué cosa?” El ladrón se da cuenta y me ordena, con gestos airados, que me calle.
Entonces la señora que ha sido cartereada por el otro delincuente algo empieza a alegarles (¡¿una mujer se atreve y yo silente?!…) y…. en aquel momento despierta en mí, de su largo letargo, el héroe que siempre quizo aparecer. Ha nacido del odio acumulado un ciudadano nuevo dispuesto al todo por el todo. Aspiro aire a full y le ordeno al conductor en voz alta y con mi mejor tono grave: “¡Para aquí!, ¡Detente aquí mismo!”
Mi voz debió ser muy autoritaria pues todos se han vuelto a mirarme y el chofer se ha detenido con brusquedad, en segunda fila, obstaculizando el tránsito. “Bájate conche’ tu madre!” le ordeno al ladrón que está plantado frente a mi. “¿Qué hueva?” me responde enfrentándome. “Que te bají’ mierda” le insisto. Como nadie se mueve y esto ya lo empecé, estoy obligado a terminarlo y les repito la orden gritándoselas como lo haría un general a sus soldados, pero por desgracia el show me está quedando grande y la falta de experiencia en estas lídes y mis nervios me traicionan por lo cual mi última orden sale de mi boca entrecortada y temblorosa “ba-aje-ense-e con-ches de su ma-adre”.
Mi voz, entrecortada pero autoritaria, sumada a todas las miradas de un bus repleto han dado efecto y descienden presurosos. Ya abajo el más joven de ellos mira rápido hacia todos lados y no viendo policías saca una cortaplumas de la cual salta una hoja automática y se devuelve dispuesto a enseñarme a mantener el pico cerrado. Pero no ha notado que yo lo he visto a través de la ventanilla y con un salto le proyecto una patada en el pecho, que nunca vio venir, y que le impide alcanzar a subirse, mientras le doy la orden al conductor de arrancar…
Sí, puedo sonreír, ufff!. Hoy la he sacado gratis…
Bueno… no tan gratis, William se ha encargado de reírse de mí desde entonces y ante todos los conocidos repitiendo mi orden temblorosa ” ba-aje-ense-e con-ches de su ma-adre”.
Ha pasado suficiente tiempo y varios ladrones más (mi voz, por cierto, ya no tiembla) y puedo reírme sanamente también yo de mi ” ba-aje-ense-e con-ches de su ma-adre”. Si ustedes hubiesen estado ahí también se reirían ahora conmigo, una lastima, SE LO PER-DIE-RON, ja, ja, ja.
HISTORIA 2
- “Si un amigo te clava un cuchillo en la espalda, desconfía de su amistad” -
(Dedicado a un ex amigo, que quiso comerse a mi novia)
William Castro va ahora rumbo al centro viajando con su señora en la locomoción colectiva y desde que se sube al bus nota que en el primer asiento y arrinconada contra la ventana va una lolita afligida por las impertinencias de un borracho que se sentó a su lado. Todo el mundo presencia la escena pero nadie hace nada. Pasan los minutos. Para hacer más patética la situación, el ebrio lanza una carcajada y se le cae la dentadura postiza al piso. Sobre el bus claramente nadie esta ausente a la triste situación presentada pero aun nadie acude en auxilio de la joven.
Siguen pasando los minutos y más impertinencias. Entonces y como la circunstancia se mantiene por demasiado tiempo, en perjuicio y vergüenza de esta pobre jovencita, mi amigo se incorpora de su asiento para defender el honor mancillado de esta lola.
Camina hasta el frente de la máquina dispuesto al todo por el todo por primera vez en su vida. Esta conciente de que desde ese momento pasará a comportarse como hombre, venciendo sus propios miedos; este será su primer acto ciudadano, ha decidido cruzar la barrera de la indolencia y desidia general y su primer acto en favor de un débil será ahora con esta muchacha.
Llega hasta los primeros asientos, hincha su pecho con todo el aire que puede acumular su tórax. Sabe que ahora todas las miradas están dirigidas a él, todo el mundo está conciente de lo que él pretende hacer y le miran expectantes, pues es el único pasajero con cojones sobre esta máquina y es el único caballero dispuesto a defender a una dama y esto será digno de verse y por tanto ya nadie disimula y todos le miran sin pudor. William toma aun más aire antes de alzar la voz y ya plantado al lado del borracho saca la voz más grave y seria que puede y le pregunta a la muchacha en voz alta para que no se denote el miedo que lleva por dentro “¿La está molestando este borracho señorita?” (textual).
Ella le mira entonces con ojos afligidos, William espera la lógica respuesta y su pensamiento vuela imaginándose a si mismo en como va a tomar a este ebrio y lo obligará a bajarse. “No” responde ella, “Él es mi papá”…
…
Súbitamente el mundo se ha detenido. Definitivamente esto no estaba en los planes. William siente como la sangre se le ha subido al rostro y rojo de vergüenza y humillación y aun parado solo ante todos los pasajeros que expectantes le miran decide retornar a su asiento en silencio, con ganas de matar a alguien y deseando que la tierra, en un acto de misericordia, se lo trague.
Ese no fue tu día ex amigo mío, y hoy tampoco cuando otro humano más lea esto y se ría de tu persona a la distancia por tu graciosa situación.
No soy sapo, pero a ver si aprendes a respetar las novias de otros, pajarraco, ja, ja.
Historia Agregada
- Héroes de Ocasión, Bravatas y Bravucones -
Subo al Metro con mi hija. Nos quedamos cercanos a la salida. Entre el gentío observo a un par de personas (en realidad siempre observo a todos) que se han subido con nosotros y que se han acomodado apoyándose en las puertas del fondo. Uno de ellos prepara su MP3 y se enchufa los auriculares en los oídos. El otro, en tanto, realiza una complicada maniobra con su bolso de mano y se la coloca de tal forma que el propio bolso le cubre su mano, la cual inserta en el bolsillo de la victima, quien ensimismado en su música desconoce que le van robando.
Dejo pasar unos instantes y recorro con la vista el entorno. El ladrón parece ir solo. Hago a un lado a mi hija y me dirijo hacia ellos. El manilargo no se ha percatado de que lo he pillado y lo encuentro desprevenido. Su cabeza se azota en el vidrio de la puerta y su cara de asombro y susto me tranquilizan pues comprendo que aquí no habrá resistencia. El puñetazo a su rostro y el ruido del cabezazo en la puerta ha hecho que todos se vuelvan a vernos, pero, como siempre me ha sucedido en estos casos, NADIE se acerca a apoyarme. Lo encaro solo, pues hasta el mismo afectado, que ya se ha sacado de un oído su parlante y se ha enterado que le venían robando, también guarda silencio.
Le ordeno al delincuente que se baje y, para que no me vea muy débil ni sólo, le he agregado que si no se baja entre todos los presentes le sacaremos la cresta (reconozco ahora mi error, los gallos tienen cresta, las ratas no). “Si, me voy a bajar” me responde sumiso finalmente. Para asegurarme lo flanqueo hasta la próxima estación. Ya abajo y con las puertas nuevamente cerradas y el tren en movimiento me grita desde el andén, mientras nos alejamos, algo así como “donde te vea te la cobro, conche tu madre”. Lo de mi madre me resbala, yo opino lo mismo. En cuanto a creerte que serás capaz de encararme, pues si no lo hiciste entonces nunca lo harás. Los cobardes como tú son los que amenazan desde lejos pues se saben seguros. Sólo bravatas.
En tanto, el joven afectado se dirige hacia mí y en un acto espontáneo de agradecimiento me extiende la mano y ceremoniosa y efusivamente me da las gracias. No lo esperaba, y yo por no ser mal educado le devuelvo el apretón. No lo hice por las gracias, lo hice porque aborrezco la injusticia y a los pillos. Hubiese preferido que no guardases silencio como todos, y que, como yo, también lo hubieses encarado. Siempre me dejan solo. Pero mejor me callo mi diatriba.
Mi satisfacción viene entonces de parte de mi hija quien orgullosa me dice de inmediato y en forma entusiasta “eres mi héroe, por segunda vez”… La primera vez, junto a ella, fue con un ladrón en el paseo Ahumada…, pero esa es otra historia… Al menos para ella sí soy un héroe.
HISTORIA 3
- ¡Tengo que Contarlo!, ¡Tengo que Contarlo! -
Tengo veinte años y junto a mi esposa y mi bebe retorno a casa en un bus. Son ya las seis de la tarde y al cruzar Providencia el bus rápidamente se llena con la gente saliente de las oficinas.
Mi esposa lleva a mi hijo dormido en brazos y yo, sentado hacia el pasillo, llevo un par de bolsos sobre mis piernas.
Entre el público que llena la micro se ha subido una joven de unos veintidós años, que es imposible de no ver pues resalta de inmediato por lo sexy, hermosa y por tener una delantera generosa. Recorre el pasillo y se va de pie junto a mí. A poco andar se ha apegado demasiado a mí y la esquivo apegándome a mi mujer. La lola insiste en acercarse más y el caso es que sus senos están a menos de una palma justo en frente de mi cara. Vuelvo a retirarme, acercándome aun más a mí esposa, abrazándola inclusive para obtener espacio y más distancia de esta lola.
No habiendo más espacio para avanzar en pasos, la acosadora inclina descaradamente el cuerpo hacia delante de tal forma que si yo me sentase derecho tendría mi cara entre sus pechos.
No es mi imaginación lo que me está sucediendo y estoy perplejo sin entender la actitud y sin saber como actuar. Mi timidez me impide encararla y realmente no sé como proceder. Pasan largos minutos y yo llevo mi cabeza volteada hacia la calle durante todo el trayecto. De hecho ya me duele el cuello pero soy incapaz de enderezar la cabeza y mirar hacia el frente, pues ya lo intenté y tenía a menos de diez centímetros una glándula mamaria talla XL que obstaculizaba mi vista. Siento que todos me miran y que saben en la situación en que estoy y eso me avergüenza aun más que este seno acosador.
Ha pasado casi media hora y por fin llegamos a destino. Ha sido un verdadero alivio (y no exagero) incorporarme y poder enderezar mi adolorido cuello. Ya todo ha terminado. Desciendo feliz (era que no, mi ego ha crecido) del bus con mi esposa y mi hijo. Y estando ya abajo la bomba atómica estalla…
¿¿¡¡Qué se ha creído esa puta que te puso los senos en la cara!!?? y claro, tú calladito aguantándola!, y que la fresca aquí… y que tú durante todo el trayecto allá… y que bla bla bla bla…
Diez minutos de retos. Por la puta, hoy no fue mi día.
HISTORIA 4
- ¡También Tengo Que Contarlo!, ¡También Tengo Que Contarlo! -
Con mi ego creciendo (junto a otras cosas)
Tengo veintitrés años. Son casi las 15 horas de un caluroso día de verano. Voy viajando hacia Escuela Militar por Vespucio. He tomado una liebre (bus pequeño) y aparte del conductor sólo viaja otro pasajero ubicado en el primer asiento.
En Larraín se sube una guapa estudiante cuica de aproximadamente 14 años. Van todos los asientos desocupados pero extrañamente se va de pie y junto a mí. Repentinamente su entrepierna y su sexo los ha montado sobre mi hombro y durante el resto del trayecto no los apartará.
No es un error de percepción mío y no es que esté sólo “topándome sin mala intención”. Toda su entrepierna está sobre mi hombro, de tal forma que su uniforme ya roza mi oreja y ella se está masturbando contra mi hombro, presionándolo. La impresión de lo que me está ocurriendo me ha dejado alelado.
Soy incapaz de reaccionar y ella lo sigue aprovechando. Mi único movimiento sigue siendo el respirar… y ni eso. Reconozco que se siente deliciosa la situación y el jumper no ha sido impedimento para sentirla.
Desconozco cuanto rato pasó ni la calle exacta donde se bajó, mi cerebro, cual pentium 1, se bloqueó desde un principio y dejó de funcionar hace rato y lo único que tengo claro es que ahora hace muchísimo más calor. Al menos no mojé mis pantalones.
Respiro profundo y entonces me exijo pensar en otra cosa pues se me acerca un problema. Estoy próximo a bajarme y oh!, por favor, no quiero que se me note este bulto.
Por cierto, nunca he lamentado tanto ser tan tímido. (tímido: léase “huevón”)
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Me he reído harto recordando y narrándoles estas situaciones (son absolutamente verídicas y ya conocidas por mis amistades antiguas) y espero que les hallan gustado; y si bien ahora sonarán divertidas, pues en su momento, claramente, no lo fueron. Estoy trabajando en otras tallas pretéritas que luego postearé. Además es imposible que esto me halla pasado sólo a mí y de hecho a mi amigo Jaime Q. le pasó exactamente lo mismo pero con una mujer madura, y estando él acompañado de su polola. Claro que mi amigo no se amilanó y le dio un súbito ataque de tics en su hombro. Si aquí el único pajarón que se congela soy yo, maldita la gracia! ¡Quiero escuchar aquí SUS historias señores!
Ricardo González
– Fin de la Transmisión -